

La innovación en tiempos difíciles
20/04/2010Si busca las palabras “recesión" e “innovación” en Google, dos cosas le quedarán claras de inmediato. Primero, que muchísima gente escribe en estos tiempos sobre el asunto en todo el mundo, por motivos obvios. Segundo, que entre los sitios que aparecen en primer lugar, muchos manifiestan los mayores o peores “errores” referentes a innovación en un período de depresión económica.
Lo más interesante de los resultados de la búsqueda es que, mientras el mensaje está claro (la innovación es importante incluso en épocas de recesión), lo fundamental de muchas de las páginas web y artículos más leídos se centra en lo negativo (“no dejar” de innovar en períodos de recesión), además de advertir sobre los posibles efectos negativos. Según parece, pocas personas redirigen el debate a un análisis más útil de lo que puede suponer la innovación para una empresa durante un período de depresión.
El peligro es que estamos dirigiendo el debate en la dirección errónea. Sin lugar a duda, se ha perdido el temor a que las empresas no sean conscientes de la necesidad de mantener la innovación en tiempos difíciles. Los líderes de las empresas que triunfan conocen muy bien el valor de la innovación. La innovación favorece el rendimiento, el crecimiento y refuerza la cotización en bolsa.
A menos que se desee realmente competir sólo en precio, la capacidad de ofrecer innovación de forma sostenida es la única ventaja competitiva que queda. Incluso una mirada rápida a la historia demuestra que las empresas siempre han innovado para salir de las recesiones. En Estados Unidos, la primera recesión tras la guerra empezó en noviembre de 1948 y duró hasta octubre de 1949, con una caída del PIB del 0,5% y una subida del paro del 7,9%. La red de telefonía móvil fue diseñada en EE.UU. en 1947, al igual que uno de los inventos más importantes de todos los tiempos: el transistor. Ambos inventos tuvieron su origen en los laboratorios Bell de AT&T. Un año después, el servicio estaba disponible en casi 100 ciudades de EE.UU. y en las principales carreteras. Quienes antes la adoptaron fueron los camioneros. Actualmente hay en servicio 3,5 billones de teléfonos móviles, basados en las tecnologías inventadas durante la recesión, que realizan una gran contribución socioeconómica en el mundo.
En 1958 se produjo otra gran caída del PIB de la principal economía del mundo. Entonces vio la luz el láser, ubicuo actualmente en la medicina y las telecomunicaciones.
Y cabe preguntar qué ocurrió en los setenta. La crisis del petróleo marcó la primera recesión de la historia causada por la energía y el desempleo masivo en Occidente. En los años setenta se inventaron, por ejemplo, la interfaz gráfica de usuario (sin la cual no existiría Windows ni otras interfaces informáticas), la Ethernet (el sistema cardiovascular de la empresa moderna), el protocolo TCP/IP (el pilar básico de Internet) y grandes avances en la recombinación del ADN.
La crisis económica de principios de los ochenta engendró el primer PC dirigido por Microsoft y el Commodore 64, que prácticamente inventaron el concepto de informática en el hogar. Y durante la última recesión, en los primeros años de este siglo, Apple concibió, desarrolló y lanzó su iPod, que transformó toda la industria musical, aparte de la forma en que consumimos música.
Es fácil captar la idea. La clave aquí radica en que no es estrictamente necesario avisar a las empresas de los “peligros” o “errores” de segar la hierba bajo los pies de la innovación. No tiene sentido predicar a los (a pesar de todo) conversos. Lo que necesitan las organizaciones es ayuda para comprender cómo convertirse en una de las AT&T, Apple o Microsoft de los ejemplos anteriormente mencionados.
Si el conocimiento está disponible con mayor libertad, aumenta la innovación y, por consiguiente, la economía crece más rápido. La innovación en las empresas es inherentemente difícil. Las empresas tienen la tendencia de emplear a ciertos tipos de personas, que a menudo aportan valores similares, y animarles a ver el mundo desde una perspectiva particular, lo que obviamente no lleva a fomentar una innovación rompedora o a que cambie las reglas del juego. ¿Podemos realmente salirnos de lo habitual si hacerlo puede infringir nuestros valores? A veces es necesario preguntar a personas ajenas para enfatizar las contradicciones, lo que explica en cierto modo el movimiento reciente a "open innovation" y al desarrollo de software de código abierto.
Recientemente surgió un debate sobre si mantener la propiedad intelectual perjudica a la innovación. El destacado economista Joseph Stiglitz arguye que la perjudica. Cita las leyes de propiedad intelectual como un “régimen” diseñado para restringir el uso del conocimiento. Su argumento es que el conocimiento debe estar disponible libremente para fomentar la eficiencia económica.
Este modelo ha sido adoptado por muchas empresas, como Shell, Boeing, Unilever, BMW, Philips y BT. La innovación en colaboración abierta consiste en que las empresas innoven junto a sus clientes. Esto contribuye a que las empresas que comparten una cadena de suministros puedan superar retos empresariales clave comunes, a maximizar el potencial de la empresa y a impulsar el rendimiento comercial. Al integrar la innovación en el tejido de una relación empresarial, el reto se aborda con dos cabezas, que siempres son mejor que una.